A administração do É Tudo Gente Morta recebeu um pedido irrecusável. Um visitante regular e discreto deste cemitério solicitou-nos a publicação de um texto, sob condição de anonimato. Em defesa da sua pretensão, alegou querer homenagear outro texto, um dos que, aqui entre tumbas, mais prazer lhe deu ler, a ele leitor incansável e obsessivo. Referia-se a esta oração fúnebre da Eugénia de Vasconcellos. Num “jogo de nomes” que é exclusivamente da sua lavra, chamou-lhe “La História de Genyi”. A administração autoriza-se a publicação e acede a conservar no título o “jeux de noms”, convicta de que a Gengi e a Eugénia agradará coincidirem num possível diminutivo.
O incógnito visitante, que é até um apreciador do idioma lusitano, excedeu-se em desculpas por nos escrever em castelhano. Quem será?

LA HISTORIA DE GENYI, de Murasaki
Los editores del orientalista Arthur Waley han publicado en un solo volumen servicial su ya famosa traducción de la Historia de Gengi de Murasaki, antes apenas accesible (o inaccesible) en seis onerosos volúmenes. Esa versión puede calificarse de clásica: está redactada con casi milagrosa naturalidad y le interesa menos el exotismo -¡horrenda palabra!- que las pasiones humanas de la novela. Ese interés es justo; la obra de Murasaki es muy precisamente lo que se llama una novela psicológica. Hace mil años la compuso una dama de honor de la segunda emperatriz del Japón; en Europa seria inconcebible antes del siglo diecinueve. Lo anterior no quiere decir que la vasta novela de Murasaki sea más intensa o más memorable o «mejor» que la obra de Fielding o de Cervantes; quiere decir que es más compleja y que la civilización que denota es más delicada. Dicho sea con otras palabras: no afirmo que Murasaki Shikibu tuviera el talento de Cervantes, afirmo que la escuchaba un público más sutil. En el Quijote, Cervantes se limita a distinguir el día de la noche; Murasaki («El puente de los sueños», capítulo diez) nota en una ventana «las estrellas borrosas detrás de la nieve que cae». En el párrafo anterior, menciona un largo puente húmedo en la neblina, «que parece mucho más lejos». Tal vez el primer rasgo es inverosímil; los dos son extrañamente eficaces.
He alegado dos rasgos de orden visual; quiero destacar uno psicológico. Una mujer, detrás de una cortina, ve entrar a un hombre. Escribe Murasaki: «Instintivamente, aunque ella sabía muy bien que él no podia verla, se alisó el pelo con la mano».
Es evidente que en dos o tres fragmentos lineales no cabe la medida de una novela de cincuenta y cuatro capítulos. Me atrevo a recomendarla a quienes me leen. La traducción inglesa que ha motivado esta breve nota insuficiente se titula The Tale of Genji y ha sido traducida al alemán el año pasado (Die Geschichte vom Prinzen Genji, Insel-Verlag). En francés hay una traducción integral de los nueve primeros capítulos (Le roman de Genji, Plon, 1928) y algunas páginas en la Anthologie de la littérature japonaise de Michel Revon.
P.S. — Tendo embora envidado os maiores esforços, a administração não conseguiu proteger o anonimato do autor, revelado em intempestivos comentários de vários autores deste cemitério. O texto acima, publicado em 1938, é de um autor argentino, Jorge Luis Borges, de vagos antepassados portugueses.